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Potasio y presión arterial: cuándo conviene sumarlo a la dieta y cuándo hay que consultar antes

28 Oct 2026

Cuando la presión arterial empieza a preocupar, el salero suele quedar en el centro de la mesa y reducirlo es una medida habitual. Sin embargo, en esa misma conversación aparece otro elemento de la alimentación diaria: el potasio, un mineral presente en distintos alimentos. El punto no es buscar un alimento que resuelva el problema por sí solo, sino entender qué lugar ocupa este mineral en la relación entre la sal, las comidas cotidianas y la presión arterial, y en qué situaciones puede incorporarse sin riesgos. De acuerdo con la American Heart Association, los alimentos con potasio pueden reducir parte del efecto del sodio y contribuir al control de la presión en adultos con valores altos o hipertensión, siempre que no existan condiciones que lo desaconsejen.

Un componente más dentro de un plan integral

La guía elaborada por la American Heart Association y el American College of Cardiology aconseja reducir el consumo de sodio a menos de 2.300 miligramos por día en adultos con presión elevada o hipertensión y, cuando resulta adecuado, acercarse a los 1.500 miligramos diarios. El aumento del potasio que proviene de los alimentos se plantea como una medida que puede acompañar esa reducción. Según explicó la entidad, una mayor ingesta de este mineral favorece la eliminación de sodio por la orina y ayuda a que los vasos sanguíneos se relajen, dos efectos relacionados con el control de la presión arterial. El documento los ubica junto con otros cambios de hábitos y no como reemplazo de los tratamientos médicos indicados. Se asocia además este aumento con una disminución de hasta seis milímetros de mercurio en la presión sistólica, que es el número superior de la medición y refleja la presión que se registra cuando el corazón bombea sangre, en personas hipertensas.

Entre las recomendaciones figura el plan DASH, una pauta de alimentación orientada a reducir la presión arterial. La propuesta reúne frutas, verduras, cereales integrales, lácteos descremados o bajos en grasa, pescado, legumbres, semillas y frutos secos sin sal, y limita los alimentos con mucha sal, los azúcares agregados y las grasas saturadas.

La comida, la vía preferida

Para los adultos con presión elevada o hipertensión, la guía propone un consumo de entre 3.500 y 5.000 miligramos diarios de potasio, preferentemente a través de los alimentos. No sugiere concentrar esa cantidad en un solo producto: la meta se integra en una alimentación variada que, a la vez, reduzca el sodio total. El documento menciona los lácteos bajos en grasa y el pescado como opciones que aportan potasio, y el criterio no es sumar alimentos de manera automática, sino reemplazar parte de las opciones con mucho sodio por otras que aporten el mineral sin aumentar la sal de las comidas.

Por eso conviene prestar atención a los alimentos enlatados, las salsas, los caldos y otros productos elaborados, por su contenido de sodio. Las recomendaciones vinculan los beneficios del cambio de alimentación con una reducción real de la sal diaria, y no solo con el consumo de alimentos ricos en potasio.

Cuándo se necesita otra evaluación

Aumentar el potasio no tiene el mismo alcance para todas las personas. La guía de 2025 indica que quienes tienen enfermedad renal crónica o usan medicamentos que reducen la eliminación de potasio necesitan una evaluación y controles antes de modificar su consumo, ya que cuando los riñones no eliminan bien este mineral, su nivel en sangre puede aumentar.

La entidad también advierte que los sustitutos de sal con potasio requieren consulta profesional en personas con enfermedad renal o que toman medicamentos que afectan ese mineral. Estos productos reemplazan una parte de la sal común por cloruro de potasio, por lo que no sirven como alternativa general para todos los casos. Los suplementos de potasio tampoco se presentan como una opción de uso habitual: la guía contempla dosis moderadas cuando la alimentación no permite alcanzar la cantidad prevista, pero establece que la decisión debe considerar el estado de salud y mantiene la preferencia por los alimentos.

En ese marco, el potasio forma parte de una estrategia para prevenir y controlar la presión arterial, y la decisión de aumentar su consumo debe considerar al mismo tiempo la cantidad de sodio, los tratamientos en curso y las enfermedades que pueden cambiar la forma en que el organismo lo elimina.

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